candle

Querida amiga que estás abortando

Querida amiga…

Un escalofrío ha recorrido mi cuerpo de arriba a abajo y de repente me ha transportado al pasado, cuando ayer me escribiste un mensaje contándome que estabas embarazada de 8 semanas y que en estos momentos estás sufriendo un aborto espontáneo.

* un aborto espontáneo es la pérdida involuntaria de un feto antes de las 20 semanas de gestación.

Querida amiga, lo siento muchísimo. No encuentro palabras para darte ánimos sencillamente porque no las hay. Ésta perdida que te está aconteciendo quedará impresa en tu memoria, y es una herida que por supuesto sanará, pero que inevitablemente dejará su cicatriz.

Sé por lo que estás pasando porque yo también lo he vivido. Durante mucho tiempo me he arrepentido de no escribir para contar mi experiencia y contribuir de alguna forma a dar visibilidad a éste posible desenlace que nadie quiere y del que no se habla. Pero no pude, no fui capaz. Por desgracia, ahora y sólo ahora te vas a enterar de todas las amigas y conocidas que han pasado por esto. Ahora es cuando te van a explicar que los embarazos que no siguen su curso durante el primer trimestre, son mas normales de lo que parece.

Qué sano seria que todos habláramos con más naturalidad sobre los ciclos de la vida y la muerte. Que tener un predictor positivo en las manos no es igual a “vamos a tener un bebé”, sino que sería mas equilibrado decir: “si todo va bien, vamos a tener un bebé”.

En su momento no pude hablar de ello, y tan sólo hoy, que tengo a un maravilloso bebé de dos meses dormido en mis brazos, me siento con fuerzas para hacerlo.

No pretendo querida amiga darte consejo alguno, sino simplemente decirte que no estás sola, que te entiendo perfectamente, y por si te sirve de ayuda (a tí y a quien quiera leer estas palabras), te cuento cómo lo viví yo.

En mi caso, también lo perdí estando de 7 u 8 semanas, y tuve que soportar un montón de frases estúpidas y absurdas como:

  • ah bueno, pero estabas de poquito…” ¿perdone? Usted no tiene ni idea del tsunami de emociones (y de hormonas) que vive una mujer cuando sabe que espera un bebé. Semanas, días o incluso horas diría yo, son suficientes para que todo un mundo interior explosione y florezca en tí una energía que nunca antes habías experimentado… yo recuerdo que cada gesto, cada palabra o la acción mas cotidiana y simple, la hacía plenamente consciente de que estaba embarazada. Así que nadie me venga a decir que no me ha dado tiempo a hacerme ilusiones ni proyectos mentales.
  • O “Anda mujer, no estés triste que verás como en nada estás preñada otra vez!” Primero, usted no tiene ni idea de si me ha costado mucho tiempo o no quedarme embarazada, no tiene ni idea de lo deseado o no que es este bebé, y sobretodo, que quería a éste bebé que estaba dentro de mí, y tengo todo el derecho a llorar su perdida, no es un jarrón que se rompe y me puedo comprar otro igual, el futuro bebé que venga, será eso… otro bebé.
  • “Mujer legrada, mujer preñada” que horror de refrán por favor. Valiente tontería. Yo perdí la cuenta de las veces que me lo dijeron.
  • O también “si lo has perdido es que algo no iba bien” ¿anda, si? Menos mal que lo dices, si no, no habría caído… y un largo etcétera de obviedades carentes de tacto ni empatía. Pero lo peor de todo yo creo que fue soportar que me contaran pormenorizadamente la vida de personas que yo no conocía de nada que también había abortado o les había nacido un hijo con deficiencia.

Querida amiga, yo no fui capaz, pero te animo que con todo el amor del mundo, sin generar conflicto y con sinceridad, cortes por o sano este tipo de conversaciones que no te harán ningún bien.

También te diría a que confíes en tu intuición y en tus sensaciones, porque nadie mejor que tú para decidir cual será el siguiente paso, y cómo atravesar estos días que ahora te esperan.

A mí no me hicieron legrado, me dieron a elegir y preferí expulsarlo de forma natural en mi casa, siempre y cuando no tuviera fiebre. Tengo que agradecer que el ginecólogo que me lo comunicó en urgencias fue mi compañero y amigo, que lo hizo con muchísimo tacto, y hasta me dio un abrazo antes de irme de la consulta, pues sé que hay muchos casos en los que el trato es tan despersonalizado e inhumano, que el choque de la noticia es aún peor. Tengo grabada mi imagen sentada en al sillón de la sala de espera del hospital Viamed, totalmente muda, sin lágrimas, viendo a las embarazadas entrar y salir, y sin saber si podría pisar la calle e irme a casa.

No sé si hice bien en no legrarme, fue lo que en ese momento me pedía mi cuerpo, pero recuerdo que estuve con contracciones muy molesta tres días. Y no era lo físico lo que me molestaba, sino la profunda negación que sentía, llorando sentada en el wáter desconsolada mientras sangraba. Recuerdo el pánico y la contracción involuntaria que tenía en todo mi cuerpo, en mi musculatura del abdomen y el suelo pélvico porque no quería que se fuera… era un dolor tan de dentro, tan profundo…

Ojalá lo vivas de otra manera, cada persona es diferente, pero te cuento esto amiga mía, porque no debes sentirte culpable por llorar o estar triste, permítetelo por favor… llora lo que necesites, niégate a perderlo el tiempo que necesites, hasta que estés preparada para la siguiente etapa… dejarle ir.

A mí me ayudó muchísimo encender una velita junto a la foto de su ecografía, las contracciones se suavizaron, el sangrado se aminoró y al tercer día pude dormir.

No tengas prisa en volver a buscar, no intentes suplantar un dolor con una nueva alegría porque no sería justo para el que viene, le estarías cargando de una responsabilidad que no le corresponde a él superar sino a tí.

En mi caso, como sabes, me pilló en pleno verano y me fui a un retiro de yoga para conectar de nuevo con mi cuerpo y perdonarme. Sí, porque estaba muy enfadada con mi cuerpo, ¿cómo me había fallado así? Yo que tanto me cuido, ¿porqué no siguió adelante?. Y la guinda fue el retiro de silencio que hice al cabo de unos meses en el que me dí cuenta de que aún no lo había superado.

¿Y sabes qué? Que aunque nos sentimos supuestamente preparados a los cuatro o cinco meses para volver a intentarlo, no fue hasta los 9 meses exactos que vino nuestro pequeño (que sigue dormidito por cierto!). Tuve una regla muy abundante y dolorosa en la que iba a ser nuestra fecha probable de parto, y por la noche tuve un sueño precioso en el que se me apareció una niña a la que abracé y despedí. Un ciclo se cierra y otro se abre, así es la vida.

Mucho ánimo preciosa amiga.

Aquí estoy para lo que necesites.

Con amor, Elena.

 

6 replies
  1. Irache
    Irache says:

    Es un relato que me ha emocionado profundamente. Gracias por contarlo así. No es justo que se oculte que un embarazo es un milagro que puede por miles de razones y circunstancias no llegar a término. Y es, como dices, lo natural, la vida y la muerte. Y me critican porque parece que mi maternidad me genera mas miedos que ilusiones. ¿Por qué no temer, por qué engañarnos? La aceptación de tus emociones y de tu propio cuerpo es un aprendizaje íntimo que en ocasiones parece ir a contracorriente del mundo que nos rodea. Pero muchas mujeres y hombres también entienden y comparten esta soledad

    Responder
    • Elena Pozo
      Elena Pozo says:

      Muchas gracias por tu comentario.

      Es un gran aprendizaje querida Irache.
      Te envío un fuerte abrazo y mis mejores deseos para que puedas (podamos) aceptarnos tal y como somos, con nuestras luces y sombras…

      Responder
  2. Consuelo
    Consuelo says:

    Ufff…los vellos de punta Elena. Gracias por compartir tu experiencia y que podamos saber que los abortos espontáneos son más frecuentes de lo que creemos. Es tan importante naturalizar el ciclo de la vida…
    Un abrazo

    Responder

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *